DEJADME SER SALINERO

 

Y ya estarán los esteros rezumando azul de mar, dejadme ser salinero, granito del salinar”. Recordé estos versos de Rafael Alberti según se iba abriendo ante mí la montaña, al bajar la carretera viniendo desde Cifuentes. La roca parda y agreste, el monte gris y oloroso se dividía en dos. Al fondo, poco a poco, según avanzaba por la carretera, empecé a divisar una mancha de espejos cuadriculados enmarcada por montañitas blancas primorosamente colocadas. Sin duda este paisaje habría sido del agrado del poeta gaditano, tan apegado al mar, aunque el de estas tierras sea un recuerdo borrado y no tenga ya costas ni gaviotas. Desapareció el mar de Tetis, que cubría la mitad de la península hace 200 millones de años, pero sus posos dieron origen a los yacimientos salinos del interior español.


Vista aérea de uno de los molinos de las salinas de San Juan, en Saelices de la Sal.


Saelices de la Sal está situado dentro de los límites del Parque Natural del Alto Tajo, en la provincia de Guadalajara, a 100 kilómetros de la capital de la provincia y a menos de dos horas de Madrid. Es uno de esos pueblos donde el tiempo tiene otra dimensión y los relojes pierden el sentido. Porque aún hay huertos, aún hay fuente y lavadero, las casas tienen poyo para sentarse y conversar y en las paredes, aún en las paredes a la puerta de las casas,  se ven los aros recios donde esperaban las mulas atadas. En estos parajes de la España interior afloró una de esas reminiscencias del oculto mar de Tetis. Aquí se comenzó a trabajar la sal, aunque no hay certeza de cuando. Se supone que los romanos y los árabes, celtíberos incluso, ya conocían y trabajaban el afloramiento. Habría que esperar hasta los primeros años del siglo XIII para tener los primeros documentos escritos sobre la extracción de sal en Saelices. Desde ese momento las salinas de San Juan (que ese es su nombre) estuvieron dominadas por distintos señores bajo el control del Rey de Castilla. Se integraron posteriormente en el Patrimonio Real y tomaron su aspecto actual en el siglo XVIII, bajo el impulso de los Borbones. En 1872 fueron privatizadas y en la Guerra Civil sufrieron importantes daños. Después estuvieron en marcha hasta los años 70.

Salinas, entre montañas y tierras de labor.

Es en ese momento cuando se sumergieron en el olvido, como ese mar enterrado hace millones de años del que surge el agua salada. Saelices pareció darle la espalda a “su apellido”, aunque la sal seguía estando ahí. Porque todo el mundo iba de paseo “hasta las salinas de arriba o las de abajo” y muchos las habían visto funcionar “se llevaban camiones y camiones hasta Aragón”, cuenta una vecina. “Si te has caído, ves y mete la herida en las salinas, ya verás que pronto se te cura la herida”, decían las abuelas... y llevaban razón. La sal estaba en el aire, en el inconsciente colectivo.. 

Agua sala en las instalaciones de San Juan.
Montones de sal recién recogida.


Sal en el almacén.


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Tres décadas
Dice el diccionario oficial de la Real Academia de la lengua que “salado” es “un terreno estéril”, pero también que “es algo gracioso, agudo o chistoso”. De la palabra “soso” recoge que “no tiene sal” o “que no tiene gracia o viveza”. Me quedo con las segundas acepciones. En contra de las indicaciones médicas que prohíben la sal, pienso que a la vida hay que echarle un poco. Y en Saelices le han puesto mucha. Así, después de las décadas de abandono, llegamos hasta 2003 cuando las instalaciones salineras son adquiridas por la Fundación Naturaleza y Desarrollo del Ayuntamiento. A partir de ahí comenzó un proceso de restauración y puesta en marcha que eclosionó en 2011 con el comienzo de su explotación artesanal. Habían pasado más de treinta años de abandono.

Trabajos de extracción de la sal.

Desde entonces, camino lento, pero pasos continuos. Saelices ya no vive de espaldas a la sal. Luce de nuevo orgullosa su apellido. Actualmente se producen entre 200 y 300 toneladas de sal virgen, que se utilizan en el Plan Invernal de Carreteras, gracias a un convenio con la Diputación Provincial de Guadalajara. Con los estragos de la última nevada, la “Filomena”, el almacén o alfolí se quedó sin un sólo gramo de sal, pero las carreteras alcarreñas se volvieron afortunadamente transitables.


Flor de Sal

Pero no sólo es sal gorda lo que produce Saelices. De sus salinas también se extrae alrededor de una tonelada de flor de sal, que se comercializa bajo la marca “Flor de Saelices”. En el pueblo están orgullosos de tener un producto como este, sin ningún tratamiento, lavado o refinado. Se recoge de forma artesanal y, por tanto, su producción es muy limitada. Lo están posicionando en el mercado gourmet y saben que lo mejor para venderse es darse a conocer. Ya han sido varios los programas de televisión, regionales y nacionales, que han contado su renovada historia de amor con la sal, las bondades de su producto y las novedades que han ideado: sal con especias, sal con aromas… 

Entrada a Saelices desde Cifuentes.

Venta de sal.




    


La maldita pandemia ha roto una rito recién creado que vincula a este pueblo con la sal y es que, desde hacía tres años, este amor se renovaba todos los veranos en las Jornadas Blancas, un día institucionalizado alrededor de la Sal. Ahora están con la obtención de la certificación ecológica para poder vender fuera de nuestra fronteras y ya se puede adquirir vía internet (espeltaecologica.com, alimentosdeguadalajara.es). También se puede comprar en el propio pueblo, en el bar y durante las visitas guiadas. Y así continúan... con la venta y la promoción, con el marketing. Que no decaiga, porque de ello depende el desarrollo, varios puestos de trabajo y continuar con una tradición, la sal, un producto que nos espera debajo de Saelices desde hace 200 millones de años.                                                                                                                                                                                                                                                            

                           Visitas

Saelices de la Sal luce con orgullo una de las salinas de interior mejor conservadas y más productivas del interior peninsular. Las Salinas de San Juan son un conjunto de inmuebles formados por dos pozos o noria, cocederos, recocederos, albercas, canalizaciones, el almacén o alfolí y una ermita de planta elipsoidal. El conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en el año 2007. Se organizan visitas guiadas previa llamada (669 58 14 57 -699 53 80 64). Los horarios son sábados y domingos, de 11,00 a 13,00 de la mañana y de lunes a viernes a partir de las 11,00 horas mientras dure la campaña de la sal (entre los meses de julio y septiembre). Para otros horarios consultar los mismos teléfonos. 

             instagram: @salinasdesanjuan

                                  


Donde comer: Bar de Saelices (643 92 15 46)

    Donde dormir: Casa Rural "La Boticaría" (608 09 74 62)

instagram: @la_boticaria


Esteban Provencio Hernando                                                                              Fotos: José Luis Sotillos



















Comentarios

  1. Excelente recorrido!!!! Maravillosas fotos!!... Algo pendiente para ir y admirar!!! 👋👋👋👋👋👋👋👋

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  2. Tenía yo en la lista de "pendientes" a Sigüenza, así que añado Saelices que me parece óptimo para visitarlo en familia.

    ¡Qué artículo más completo! Gracias, Esteban.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Bonitos lugares, bonitas experiencias. Buen trabajo!

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