EL
PUEBLO
Este
fin de semana he estado en mi pueblo. Hacía unos meses que no iba
por allí. He ventilado la casa familiar, he saludado a algunos
amigos...en fin, lo normal. La vida se ha ralentizado estos dos días,
debe ser que los árboles, las montañas y el aire limpio confunden a
los relojes. No sé. He paseado, he paseado mucho y he respirado
hondo, muy hondo. He caminado por los huertos dándome cuenta de mi
infinita ignorancia al no saber distinguir una planta de pimientos de
otra de judías. Será que no brotan con plástico y etiqueta. Sí,
debe ser eso. He paseado junto al arroyo mirando las montañas y he
contemplando el vuelo de los buitres. He acompañado a Paloma a su
corral a recoger los huevos. Tiene las gallinas bien encerradas para
que ni los zorros ni las garduñas se las puedan comer. He visto el
trabajo de los salineros haciendo montañitas de oro blanco. Cogí un
puñado. Lo utilicé por la noche, con un lomo de corzo que me dio mi
tío, el cazador. También me dio unos tomates ¡que sabían a
tomate!. He comprado un tarro de miel artesana que hace un vecino del
pueblo. Pura y barata. Me he pinchado las manos recogiendo moras para
hacer una tarta, también me he traído ciruelas que crecen en
árboles que no son de nadie y, por tanto, son de todos. Por la
noche, antes de irme a dormir levanté la vista y contemplé un cielo
limpio, lleno de estrellas brillantes que me llamaban. Me fui pronto
a la cama. Por la mañana, después de desayunar, comenzó a llover y
salí a coger caracoles. Y reuní también un poquito de romero y
tomillo para cocinar. Este fin de semana he estado mucho tiempo
sentado mirando las montañas, viendo los árboles movidos por el
viento, sin pensar en nada, con la mente puesta en ningún sitio.
Este fin de semana no he hecho nada del otro mundo ¿o sí? Al
marcharme para regresar estaba cerrando la puerta y la he visto al
fondo del salón. Ahí estaba, solitaria y triste, la televisión.
NUEVO BAZTAN, LA UTOPIA HECHA PIEDRA
Visitarlo es una lección de historia. De las buenas y provechosas, de las que no se olvidan. Al sureste de Madrid hay un testigo “vivo” de como algunos personajes se empeñaron, en el siglo XVIII, en modelar un país mejor, más avanzado y moderno. Su suerte no llegó muy lejos, pero nos legaron sin duda un hermoso ejemplo. Está a tiro de piedra de la capital de España y es ideal para visitarlo con niños. Bienvenidos a Nuevo Baztán, la utopía hecha piedra. Conjunto Palacio-Iglesia de Nuevo Baztán. La Olma de Nuevo Baztán es extraordinaria. Tiene un perímetro de más de seis metros, mide más de 21 de alto y el diámetro de su copa supera los dieciocho. Es el único ejemplar que queda de las avenidas arboladas que diseñó el arquitecto José de Churriguera por orden de Juan de Goyeneche. El político y periodista eligió una población cercana a Madrid para erigir su ciudad-industria ideal. El complejo fue diseñado con escuadra y cartabón. Consta de un palacio-iglesia y 25 casas, totalmente alinead...
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